jueves, 1 de noviembre de 2012

Let's get lost.

Estamos a finales de los años 20, concretamente en 1929 año de la gran depresión, la segunda guerra mundial estaba por llegar y el estallido de la bolsa de Nueva York puso punto y final a aquellos felices años, en los que la gente se reunía en los honky tonks y escuchaban atentamente las piezas de todas esas grandes orquestas de jazz (Benny Goodman, Duke ellington...) mientras bailaban desenfrenados hasta altas horas de la noche joven y siempre brillante de la ciudad. La sociedad y la economía se hundieron como nunca lo habían hecho y todo eso daría para rato. Hasta la segunda guerra mundial no quedaría todo zanjado, fueron unos años difíciles es cierto pero en medio de toda esa difuminidad terminaría por surgir un haz de luz tan claro como efímero. Fue en el mismo año de 1929 cuando se dio el nacimiento de Chet Baker, para los que no lo conozcan nada mas verle terminaran prendidos de su música si no de su particular belleza (advertencia para las damas) y para los que ya lo conocemos aun seguimos desorientados tras su ultimo fraseo trompetístico, en un mundo que va poco a poco cogiendo color y textura después de una larga época imbuido en su característico blanco y negro.
La música de Chet Baker era elegancia, adultez mezclada con un melancólico infantilismo expresado en su poesía tan llena de contrastes, de contradicciones y conflictos interiores. Chet Baker era un niño infeliz en un mundo demasiado ortodoxo para su sensibilidad superior y, sobretodo, demasiado asfixiante para alguien que durante toda su vida estuvo ansiando la libertad absoluta, una libertad a la que tan solo era capaz de llegar a través de su música como tantos otros, aunque Chet siempre de una manera diferente ostentosa de belleza, pavoneándose con gracia de su elegancia e inteligencia, casi podría decirse que Chet Baker al contrario que el resto de seres humanos,  fue marchitándose por dentro mientras su aspecto cada vez cobraba una forma mas perfecta hasta llegar a un punto en el que sólo el podría terminar con esa desdicha.
En 1988 Chet Baker falleció lanzándose por la ventana de un hotel de Amsterdan después de un fuerte chute de heroína y cocaína. Ya se supo desde el lugar de donde vino que poco habría que esperar a que crecieran las alas de nuestro amigo y echara a volar.



sábado, 27 de octubre de 2012

Debussy, la perdición de nosotros en nosotros.

Hoy me apeteció compartir una pieza de piano, de Debussy en particular, una pieza llena de magia y singularidad, la magia y la singularidad que siempre han caracterizado al impresionismo.
El impresionismo tuvo sus albores en Francia donde autores de la talla de Ravel, Debussy o Faure (aunque también Falla y otros muchos tienen obras impresionistas) fueron capaces de crear un mundo propio con tan solo una premisa común: la sustitución de la emoción por la impresión.
En el impresionismo musical al igual que en el pictórico se hace especial hincapié en los detalles ,que en cualquier obra de otro genero serían considerados como nimiedades, para dar lugar a la creación de una obra que se alimenta de su propio misterio y exotismo. Las emociones se nos muestran como un esbozo, se esconden de si mismas para ofrecernos una visión distorsionada de nuestro propio ser, un viaje onírico hacia nuestros adentros donde todo cobra la forma de un fantasma meditabundo y juguetón, que intenta confundirnos y lograr que por un momento lo que nos rodee sea pura magia, nuestro día a día, nuestra realidad que hemos creado con los años y la de el mundo en sí se desmenuza para convertirse, sin que apenas nos demos cuenta, en algo que redescubrimos con ojos nuevos, lleno de referencias de las que quizás no nos dimos cuenta con la monotonía de la rutina.
Nos sumergimos en la niebla por unos instantes para perdernos en nosotros mismos y jugar a disfrazar la apariencia de la realidad con divertidos antifaces de colores solo para verla mas nítida, mas abierta porque solo haciendo participe a la realidad de nuestra mas profunda fantasía la animamos a descubrirse ante nosotros a conocerla como si esta poseyera una identidad propia.
Debussy fue, al menos por lo que he visto a través de su música, un hombre extraordinario que veía la vida con verdadera cotidianeidad, de una manera muy cercana, casi como si todo lo que le rodeara le fuese familiar y pudiera hacer de cualquier suceso todo un mundo lleno de matices e impresiones, como si hablar del mundo y la vida en general fuese en realidad hablar de si mismo y en cierto modo así era, quizás nos hizo ver con su música que en realidad no hay individualidad, que todo se diluye en un todo y que todo eso perdura en nuestra identidad, se mantiene vivo gracias a nuestras distintas perspectivas del mundo, gracias a nuestras distintas impresiones sobre el.
La pieza en concreto que quería mostrar se titula Arabesque numero 1 y es interpretada por Gieseking considerado por muchos uno de los mejores interpretes al piano de Debussy si no el mejor.
El principio se podría describir como si se cayera en un sueño repentino en el que, una vez instalados en esa realidad fantástica sostenida apenas por los hilos de unos virtuosos títeres que intentan con toda su destreza mantenerla, flotáramos en la inmensidad de lo desconocido, para terminar de bruces con los pies en la tierra ansiando un poco mas de ese dulce sueño musical.