El impresionismo tuvo sus albores en Francia donde autores de la talla de Ravel, Debussy o Faure (aunque también Falla y otros muchos tienen obras impresionistas) fueron capaces de crear un mundo propio con tan solo una premisa común: la sustitución de la emoción por la impresión.
En el impresionismo musical al igual que en el pictórico se hace especial hincapié en los detalles ,que en cualquier obra de otro genero serían considerados como nimiedades, para dar lugar a la creación de una obra que se alimenta de su propio misterio y exotismo. Las emociones se nos muestran como un esbozo, se esconden de si mismas para ofrecernos una visión distorsionada de nuestro propio ser, un viaje onírico hacia nuestros adentros donde todo cobra la forma de un fantasma meditabundo y juguetón, que intenta confundirnos y lograr que por un momento lo que nos rodee sea pura magia, nuestro día a día, nuestra realidad que hemos creado con los años y la de el mundo en sí se desmenuza para convertirse, sin que apenas nos demos cuenta, en algo que redescubrimos con ojos nuevos, lleno de referencias de las que quizás no nos dimos cuenta con la monotonía de la rutina.
Nos sumergimos en la niebla por unos instantes para perdernos en nosotros mismos y jugar a disfrazar la apariencia de la realidad con divertidos antifaces de colores solo para verla mas nítida, mas abierta porque solo haciendo participe a la realidad de nuestra mas profunda fantasía la animamos a descubrirse ante nosotros a conocerla como si esta poseyera una identidad propia.
Debussy fue, al menos por lo que he visto a través de su música, un hombre extraordinario que veía la vida con verdadera cotidianeidad, de una manera muy cercana, casi como si todo lo que le rodeara le fuese familiar y pudiera hacer de cualquier suceso todo un mundo lleno de matices e impresiones, como si hablar del mundo y la vida en general fuese en realidad hablar de si mismo y en cierto modo así era, quizás nos hizo ver con su música que en realidad no hay individualidad, que todo se diluye en un todo y que todo eso perdura en nuestra identidad, se mantiene vivo gracias a nuestras distintas perspectivas del mundo, gracias a nuestras distintas impresiones sobre el.
La pieza en concreto que quería mostrar se titula Arabesque numero 1 y es interpretada por Gieseking considerado por muchos uno de los mejores interpretes al piano de Debussy si no el mejor.
El principio se podría describir como si se cayera en un sueño repentino en el que, una vez instalados en esa realidad fantástica sostenida apenas por los hilos de unos virtuosos títeres que intentan con toda su destreza mantenerla, flotáramos en la inmensidad de lo desconocido, para terminar de bruces con los pies en la tierra ansiando un poco mas de ese dulce sueño musical.